lunes, 9 de septiembre de 2013

Sobre la esperanza.



Para mi, la fe es el fruto de la certeza, y la esperanza es, como un rosal que cada día crece más bello y hermoso, siendo ésta, la felicidad de la vida presente y presagio de la vida futura. Los hay quien compra esperanzas con dinero, otros esperan comprobar la verdad de la vida eterna, la resurrección, o la reencarnación para otros.
           La esperanza es el pan de los pobres y los sabios: para Aristóteles es el sueño del hombre despierto (Diógenes Laercio. Vida de Aristóteles. Cap.8)
Dice Kempis, que vano es el que pone su esperanza en los hombres o en las criaturas (Imitación de Cristo, trat, Icap.VII)
           En el mundo romano, la esperanza era un consuelo (Boecio, La consolación de la filosofía. Para los cristianos es una confianza, una acción de voluntad positiva que te conduce al Reino de los Cielos. En el socialismo real soviético la esperanza es la consumación de las etapas históricas a través de la praxis del materialismo dialéctico. La esperanza apunta siempre hacia al futuro y la aspiración del ideal o deseo concebido, y se encuentra alojada en el corazón, en el centro mismo del ser humano.
           Yo creo que un hombre que pierde la esperanza, en realidad no vive ya, vegeta solamente, su alma está muerta. Las etapas espirituales que el hombre va superando en su vida, no son de placer en placer, si no de esperanza en esperanza. Las situaciones desesperadas son aparentes y en realidad no existen, puede parecer que son así para el ser humano que carece de esperanza, pero son solamente pruebas, que una vez superadas, llegaremos un día a comprender su verdadero propósito; la esperanza es la única tabla de salvación en la adversidad. Nadie quiere que la muerte o la enfermedad se presenten rápido y nos sorprenda, todos tenemos la esperanza de que estas pruebas se aparten y distancien cuanto más mejor.
             La esperanza de un mundo mejor, en la vida eterna, en la aceptación del Cristo, la búsqueda de la piedra filosofal, el moldear el cuerpo alquímico, la contemplación de la Virgen, la vida contemplativa. Todos estos anhelos son las razones del corazón, la dialéctica del sentimiento. No existe nada más desdichado que el perder la esperanza. Renueva tus esperanzas con cada nuevo fracaso, y espera, aunque creas que se ha acabado todo.

jueves, 18 de julio de 2013

Jan Van Eyck.

  Gracias a Dios que todavía nos quedan estos momentos para poder contemplar tanta belleza.


                                                  Altar del Cordero Místico: El rostro de la Virgen

sábado, 12 de enero de 2013

Virgilio: Palingenesia I. El eterno retorno.



             
                                                                                     

                                    Mientras tanto Eneas percibió en una esquina del valle una floresta
                                    aislada; las aguas del Leteo bañaban este lugar tranquilo. En los bordes
                                    de río revoloteaba una masa de sombras de todas las naciones del
                                    universo, de la misma manera que en los hermosos días de verano
                                    las abejas se desparraman por las praderas, posándose en diferentes
                                    flores y volando alrededor de las azucenas, y todo el campo vibra ante
                                    el zumbido del enjambre. Eneas, sorprendido, le preguntó a su padre
                                    qué río era aquel y por qué todas aquellas sombras parecían agolparse
                                    tan apresuradamente sobre sus orillas...
                                    -Estas almas- respondió Anquises- deben animar nuevos cuerpos, y
                                    es por esto por lo que vienen en masa a las orillas de este río, cuyas
                                    aguas beben a grandes tragos porque les hacen perder el recuerdo
                                    del pasado. Desde hace mucho tiempo deseaba que conocieras,
                                    ¡ oh, hijo mío! cuáles de estas almas han de constituir tu gloriosa
                                    posteridad; este conocimiento aumentará la alegría que has de
                                    sentir por tu gloriosa llegada a Italia.
                                    -Oh padre mío- interrumpió Eneas, ¿ cómo se puede creer que estas
                                    almas vuelvan a la tierra para animar una segunda vez cuerpos
                                    mortales? ¿ Es posible que deseen con tanto ardor volver a ver la
                                    luz y que tengan tanto deseo de tornar a esta desgraciada existencia?...

                                    Virgilio, La Eneida  Libro VI, ed. Ernest Flammarión.