sábado, 11 de junio de 2016

Apología del Paganismo por Quintus Aucler, después de su muerte (*)

                                                                                   
            


                                                
La belleza del Paganismo inspira a Claudio Monteverdi en una del las mejores óperas que se han creado. (presionar subtítulos en español)

(*)De la pluma y la inspiración del genial Giovanni Papini en su obra Juicio Universal, página 163.
Estos párrafos no se encuentran el la red hasta el día de hoy, que yo los transcribo en este blog.
            Gabriel André Auclerc nació en Argenton, aproximadamente en el 1750, cambió su nombre por el de Quintus Nantius, siendo más conocido por el de Quintus Aucler, tuvo una muy buena educación clásica. Culpaba al Cristianismo de la fatalidad de Europa, era un firme partidario de  implantar el Paganismo durante la Revolución Francesa. Tuvo muy pocos seguidores, murió en junio de 1810.
                                                                   

                                                                                      Ángel
En tu tiempo la locura de los hombres trataba de destruir todo lo antiguo y hacer todo lo nuevo. Tu locura fue al revés, pero casi más grande. Soñaste con resucitar una religión hundida desde hace quince siglos y condenada por las mejores conciencias del género humano. ¿Cómo te salvarán ahora tus dioses?

                                                                                Quintus Aucler
Es demasiado fácil escarnecer a un vencido antes de haberle escuchado.
             Y te diré que si el retorno propuesto por mí a los hombres hubiese sido verdadera locura me hubieran seguido, no hubiera permanecido solo. Mi voz era de sabiduría,y, por eso, no fue escuchada.
              La revolución había decapitado a la monarquía; la filosofía había desplazado al Cristianismo. Pero ni el culto robusto de la Diosa Razón ni el seco Deísmo podían caldear y confortar las almas. La religión dominante era una encina deshojada, podrida y hueca, las religiones nuevas, esquejes sin raíz plantados en la arena. Y, sin embargo, era necesaria una religión para los más, no una religión abstracta, sino capaz, con sus ritos y con sus mitos, de agradar a los ojos y de saciar la fantasía.
              El partido más razonable me pareció el de remontarme más allá de los negros siglos cristianos, hasta la serena luz de la Paganía. El Cristianismo había sido para los pueblos una senil seducción, edad de ceguera, de traición, de decaimiento. La fortuna del Cristianismo fue debida a los bárbaros, a los esclavos, a los  pueblos oprimidos y cansados. Su triunfo fue obra, en definitiva, de razas y de clases inferiores. Otros misterios y no sólo el Cristianismo, prometían la resurrección y la inmortalidad de la persona, pero únicamente el Cristianismo hacía esperar, con su teoría del perdón y del amor, la impunidad de las culpas.
               Si la misericordia del Padre es infinita, si la sangre del Hijo es Gracia para todos los pecadores, si basta un simple impulso de arrepentimiento, aún a última hora, para obtener la salvación, no había otra religión que pudiera ser más acepta que la cristiana para todos los que acostumbran o desean cometer delitos, cuales eran precisamente las hordas de los bárbaros feroces y las manadas de plebeyos y amargados.
               Y fueron estos naturales enemigos de la antigua civilización, estos violentos groseros, ricos sólo de avaricia y de rencor, los que dieron el triunfo al Cristianismo. Un emperador de bárbaro linaje lo declaró legítimo; otro emperador de de estirpe bárbara proscribió y persiguió los últimos paganos. El temor, la ignorancia, la charlatanería, hicieron todo lo demás, y la perfecta y luminosa religión que el mundo había visto fue sepultada y calumniada como superstición diabólica.
                Yo reconocía la sublimidad de algunas enseñanzas de Jesús, pero era fácil demostrar que los más justos preceptos de su doctrina se encontraban ya en los más elevados espíritus paganos que vivieron antes que Él. No había vencido por ellos, sino únicamente por la facilidad ofrecida de borrar todo pecado  y de reducir toda expiación. El ladrón, el homicida, adúltero, podían vivir ya tranquilos: una breve confesión, una pequeña oferta, una ligera penitencia, una palabra de arrepentimiento, alguna oración y podían volver a comenzar desde el principio, y luego seguir hasta la víspera de la agonía. Si el amor de Dios no tiene límites, si Cristo ama con predilección y protege a los pecadores, ya no era necesario abstenerse del mal.  El hombre podía hacer, por fin, su placer en la tierra y conquistar la eterna felicidad.
                  Bien diverso y muy superior el Paganismo, mucho más humano y sabio en cada uno de sus aspectos. Porque yo no trataba de restaurar el corrompido y grosero paganismo de la gusanera ciudadana y cosmopolita, sino el Paganismo radiante y puro que tenía su teología en los Misterios y su moral en los Estoicos. eL Paganismo no rechaza ningún elemento de la naturaleza humana, ninguna forma justa de la vida, ningún ideal de una plena civilización. Era la religión hecha a medida del hombre, creada para todos los hombres, donde cada uno era guiado por su particular divinidad, protegido por su numen. Al soldado no se le imponía el culto de Atenas, ni al sabio la adoración de Marte.  Afrodita consolaba a la juventud, Jupiter fortificaba la virilidad. Cada hogar tenía su dios doméstico; cada arte su musa; cada antro su sibila; cada selva, su ninfa; cada hombre su genio tutelar.
                El politeísmo no era una necia fábula, sino necesidad razonable. Correspondía en lenguaje poético, a la nativa y natural pluralidad de las inclinaciones, de las pasiones, de las aspiraciones del hombre.   Un Dios único, que condenaba como sospechosa y pecaminosa más de la mitad de la vida, no estaba hecho para nuestra especie, para la especie por él mismo creada.
                 Tan en verdad, que el politeísmo, por su naturaleza insuprimible, resurgió hipócritamente en el mismo Cristianismo en persona de la Virgen y de la Providencia, bajo los despojos de los santos más populares.
                 En los años que mi pueblo intentó a precio de sangre y de errores resucitar las austeras y libres, y justas repúblicas de la antigua Grecia y de la primera Roma, me pareció pues, llegado de sustituir una religión de bárbaros y de histéricos con la antiquísima fe de los sabios y de los poetas.
                  Los hombres que pasaban de antiguas a nuevas servidumbres y alucinaciones, no me escucharon. Reanudé, por mi cuenta, en mi casa las prácticas del culto pagano, pero nadie me siguió, nadie recogió mi llamada a la salud, a la razón, a la plenitud de la vida.
                  Por esta tentativa, infeliz más que estúpida, pagaré la pena sin lamentos, como conviene a un filósofo. Renegarlo ahora con palabras no me valdría la salvación ni pido piedad a quien tuve por enemigo. Me reconozco vencido, pero no quiero ser vil.



viernes, 10 de junio de 2016

La hojarasca de las palabras: Pico de la Mirándola.


                                                                         

                                                 

                                                     Giovanni Pico de la Mirándola (1463-1494)


Texto de la obra de Giovanni Papini (1881-1956) - Juicio Universal- del capítulo Coro de los filósofos-, página 331. Mis disculpas anticipadas por si hubiese alguna incorrección, lo he transcrito directamente del libro al teclado y es posible que haya alguna errata. (Pedro)



Ángel

Tu insaciable sed de conocer y de comprender embriagó tu juventud e hizo que te extraviaras en los laberintos de las ciencias demasiado ambiciosas y peligrosas, propicias a la soberbia, que conduce más fácilmente a Satanás que a Dios.
            Había en ti sincera voluntad de luz, como demostró el despertar de tus últimos años, cuando hablaste divinamente de los divinos misterios, pero quizás el veneno que te arrebató a la admiración del mundo te privó de subir allí donde tu inteligencia se dirigía y borrar todo vestigio de tu presunción. Hoy puedes manifestar aquellos últimos pensamientos que la muerte detuvo en tu nobilísimo espíritu.

Pico de la Mirándola

Gracias gentil imagen del Dios veraz, por tus palabras y por tu invitación. Con razón hablaste de juventud. Aquella ansia de saber universal que me dio larga fama de en la tierra no fue más que la gran llamarada de mi orgullo de adolescente y de joven señor. Había en ella también un signo de la suprema vocación de mi vida-¿no es acaso, la omnisciencia uno de los primeros atributos de Dios?-, pero aquel fuego no sólo era fuego de amor puro. Había juvenil impaciencia, apresurada infatuación, atracción al misterio y, sobre todo, aires de vanagloria.
               Pero el verdadero fin de todo mi pensamiento, de todos mis trabajos, de toda mi vida, era hacer que el hombre volviese a Dios. restituir al hombre su divina huella, retornarlo a su origen divino, a su primordial naturaleza divina. Soñé que era, en definitiva, el reconciliador de lo divino y de lo humano, el reconciliador perfecto de la Criatura con su Creador,  de Adán con Cristo.
              Nací, como sabes, señor de Concordia y el nombre de este dominio mío fue el lema de toda mi obra. Quise llevar a todas partes en el mundo del pensamiento una perfecta concordia, porque los hombres, a mi parecer, no hubieran podido reconquistar su propia divinidad originaria  mientras todas las inteligencias no estuviesen unidas  en una común y segura certeza intelectual. La disputa divide, separa, desvía y rebaja. Por eso intenté conciliar Cristianismo y Judaísmo, filosofía y fe, misticismo y mágia, teología y cábala, Platón y Aristóteles, Agustín y Tomás, Oriente y Occidente. En todas las gotas del arco iris hay un reflejo del indivisible esplendor divino, y así en todas las ideas de los hombres podía y debía haber un átomo del divino absoluto.
              El hombre era a mis ojos el mediador predestinado entre el bajo y el alto mundo, porque me parecía un compendio de todos los órdenes del universo; una de las obras más grandes de Dios y, por eso, destinada, llamada, ayudada a reunirse con su autor.
             En la historia del hombre se presentaron dos tentaciones semejantes y opuestas.  Al feliz Adán, la tentación de ser semejante a los Dioses; al hombre caído, el volver a endiosarse. La serpiente y el Crucificado nos hicieron una misma proposición, seréis como Dioses. Pero entre las dos tentaciones media un abismo.
   Satanás quería que el hombre se hiciese rival de Dios a través de la desobediencia y del orgullo; Cristo quería que volviera a ser hijo de Dios a través del sacrificio y del amor.
            O jactancioso simio de Dios o chispa del sol divino. Yo no supe distinguir bien, en los primeros tiempos , entre el uno y el otro sendero.
            En la filosofía veía la conquista de la omnisciencia, en la magia, el camino hacia la omnipotencia, en la fe y en el éxtasis los escalones para la unión con Dios. Mi sueño era digno y grande, el más sublime que un mortal pueda soñar, pero no supe escoger el sendero justo y exacto. Era demasiado docto, demasiado filosofante, demasiado sofista, demasiado hechizado por la erudición y la dialéctica. No se llega a Dios sólo por la escalas de telaraña del intelecto. Cuando, al volver de prisión y del exilio, me di cuenta del error, me encaminé hacia arriba por la subida segura, por el sendero del humilde abandono y de la ardiente caridad. Pero el veneno de un traidor me restituyó, antes que pensaba, al Dios que me había mandado allá abajo para que lo buscase con mayor deseo. Y ahora que todo esta terminado y Dios tiene delante de sí los corazones de los vivientes en la carne nueva, tengo la esperanza de que mi sueño terreno no fuese del todo un mero sueño. ¿Qué oración podré elevar al amado que perseguí tan furiosamente con la hojarasca de las palabras? Siento ya en el alma el aura de su presencia y no pido nada más.

                                                         


Si el amor es parte de la filosofía, la belleza también lo es, la búsqueda de Dios es el camino que te conduce a la sabiduría y a la  hermosura absoluta, por tanto a Dios. Durante toda su vida Pico de la Mirándola buscó la sabiduría y utilizó todas las herramientas de los escritos herméticos así como todas las corrientes  místicas, neoplatónicas, aristotélicas, teologías cristianas y filosofía griega, incluso cabalísticas confluyen en toda su saber. Mantuvo una vida errante y tuvo amistadas tan dispares como Marsilio Ficino y Savonarola, no sabemos si quemó alguna obra suya o alguna pertenencia en las Hogueras de las Vanidades que realizaba el monje dominico, si conocemos que Botticelli arrojó libremente al fuego alguna de sus obras y que algún experto en arte afirma con datos históricos que eran pinturas excelentes. Estas conductas que suelen realizar algunos genios con sus obras son dignas de estudio pues no estamos hablando de reducir a cenizas y destruir prendas u objetos sin ningún valor. Tolstoi por ejemplo al final de su vida estaba  arrepentido, si no avergonzado de toda su obra a la que consideraba creación de la vanidad y orgullo intelectual que busca el reconocimiento social en este mundo de tinieblas, consideraba que la inteligencia y la creatividad tenían que ser canalizadas en la búsqueda de Dios. Hay que considerar que Tolstoi  tuvo una llamada mística en el otoño de su vida.
              Si estuvieseis interesados en la obra de Pico de la Mirándola, aunque hay muchas biografías actuales yo os recomiendo  la que hizo su sobrino Giovanni Francesco de los mismos apellidos(1469-1533) hay una versión en inglés traducida por Tomás Moro (1510), que también hizo la traducción de algunos libros italianos de hechicería, para desgracia de esas islas donde las artes oscuras están muy extendidas.
              La Religión natural que pretende Pico no es que sea una opción desvirtuada como ha ocurrido a lo largo de la historia con la Ley Natural, el camino andado desde las bases y leyes naturales del Kybalion hasta la actuales y anti humanas "leyes de género" que rigen en la actualidad dista un abismo cruel que impide el desarrollo de una vida digna; en la actualidad estas dos opciones están perversamente contaminadas y alteradas, siendo imposible que la Religión Natural que propone Pico pudiese realizarse en el mundo actual. Estas dos opciones, la Ley natural y la Religión natural en realidad serían las metas más importantes a conseguir para instaurar una era de luz y amor entre los seres humanos, pero seamos realistas, mientras en este mundo hayan encarnados unos pocos millones de "seres" que estén dispuestos y resueltos a eliminar, masacrar y esclavizar al resto de los humanos, estas utopías  se encontrarán en la ensoñación de los sueños irrealizables de los humanos. Pico presento una propuesta al clero para poder realizar una invitación a todos los sabios del mundo para discutir en Roma sus 900 tesis en torno a su filosofía, Conclusiones philosophicae, cabalisticae et theologicae (1486). En ellas pretendía demostrar que la verdadera naturaleza, la esencia del cristianismo, era la causa primordial y punto de confluencia de todas las tradiciones filosóficas. (en la propuesta sería interesante saber quien correría con los gastos de estancia de tanto sabio mundial)  Como era de esperar esta proposición fue rechazada como disparatada. Pico de la Mirándola murió joven, a los 31 años envenenado por su secretario.
               Este filósofo, lo mismo que Nietzsche fueron personajes a los que guardaba admiración en mi juventud, con el tiempo comprendes que sus pensamientos gravitan de forma desorbitada en una fantasía ególatra, que solamente conduce a sensaciones equivocadas de auto elevación, y que confunde lo verdaderamente superior que existe en el interior del hombre, con el sentimiento equivocado de sentirse un titán o un "deus in terris", claro está, este sentimiento se hace mayor, después de haber matado o erradicado a Dios en su interior. No fue el caso de Pico que fue honesto en su búsqueda de Dios, pero sí en el caso de Nietzsche.